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LA NUEVA ESPAÑA
A poco de consumada la Conquista de Tenochtitlán, el territorio adquirió una definición geográfica: la Nueva España, denominación que sería luego aplicada políticamente al reino o gobierno en el centro de México y también el virreinato, con  una jurisdicción mayor que abarcó a otras. 
El imperio español rebasaría la península, haciéndose patente también en las Indias Occidentales y sus dominios de ultramar. El descubrimiento, la Conquista y la colonización de nuevas tierras contribuirían poco a poco a consolidar el imperio español, y serían base de la empresa comercial a la que se entregó inicialmente la Corona castellana para acrecentar su poderío.
Grupos de españoles salían a conquistar y colonizar desde España o América para entregarse a una empresa mixta (pública y privada),  porque el reino de Castilla tenía pocos recursos para emprenderla por sí sola. En su mayor parte, aquélla era patrocinada por particulares asumiendo la forma mixta, éstos la proponían y organizaban, la Corona la autorizaba, participaba en los beneficios y la fiscalizaba.
Tras el periodo de los descubrimientos y de la Conquista, o simultáneamente a ésta, las expediciones se orientaron a poblar. 
La colonización se inició con el establecimiento de villas o ciudades, y a la par se constituyó un aparato de sujeción y gobierno. En las capitulaciones quedaron las primeras normas: al jefe de la expedición correspondía fundar ciudades en determinado tiempo y se le facultaba para repartir tierras y solares. Al respecto no habría una legislación general sino hasta 1573.
Como justificación a la conquista material que se estaba llevando a cabo en las tierras recién descubiertas, fue imprescindible para la Corona la ayuda y participación de órdenes religiosas que se dedicaran a enseñar a los indígenas la religión católica. Amparados bajo la idea de que los indios eran semisalvajes e idólatras, los conquistadores encontraron en la evangelización el pretexto para intervenir en sus vidas e imponer la cultura española. 

La Inquisición en México
Aunque se sabe que hubo actividad inquisitorial en México casi desde la llegada de los conquistadores, no es sino hasta 1571 cuando se establece el Tribunal del Santo Oficio de manera formal.  El obispo, fray Juan de Zumárraga es considerado el primer inquisidor de la Nueva España, pues obtuvo ese nombramiento en 1535, mas como no existía propiamente el Tribunal, su cargo fue  sólo nominal.  Hacia 1540 ejercería el poder inquisitorial contra un  indio  al que condenó a la hoguera.  Su severidad  le acarreó al obispo una severa reprimenda y a los indígenas los exoneró de ser juzgados por la inquisición ya que se les considero nuevos en el cristianismo. Sin embargo, entre el resto de la población novohispana, hubo muchos casos de persecución.

Control político a través de la Iglesia
La Corona sujetó de manera estricta a la Iglesia, quizá más que cualquier otra monarquía europea, ya que bajo el Patronato Real la hizo otra rama del gobierno, otro medio eficiente de control político sobre los gobernados. En el contexto de la época, la Iglesia hispanoamericana quedó ligada a Roma a través de tenues lazos, dentro de la órbita del Consejo de Indias y no del papado romano. 
Sin embargo, fue una institución poderosa en la Nueva España. Gozó de fuero especial y conformaría uno de los sectores conservadores de México. Su fuerza fue evidente en lo espiritual pero también en lo material; su poder se extiende en asuntos de justicia y gobierno, y domina los ámbitos ideológico, político, económico y social de la época; en sus manos quedan la mayor parte de la educación e importantes ramos de la economía. Por acuerdo real, la Iglesia recibe gran parte del diezmo.

La encomienda
Además de la Iglesia, hubo otras instituciones coloniales que se arraigaron en el XVI y que estuvieron íntimamente ligadas a la evangelización, a  la tierra,  al trabajo indígena y a la justicia. La primera a considerar es la encomienda, que no implicó la propiedad agraria, sino sólo su posesión y el derecho a recibir tributo en especie y/o trabajo de los indios, a los cuales los españoles debían adoctrinar. No obstante, la tierra pudo ser poseída a título personal mediante merced real, aunque su extensión debía ser moderada. 

Esclavitud
Hay que destacar que, tras el brusco descenso demográfico de los indígenas y el beneficio legal que obtuvieron éstos de la Corona, se requirió mayor mano de obra; así se introdujo a los negros a la Nueva España en mayor cantidad y éstos fueron traídos como esclavos para sustituir el trabajo forzoso de los indígenas. Por ende, su llegada a América se significó como una constante entre los siglos XVI y XVII. La política esclavista de la Corona garantizó la tenencia y explotación de negros en beneficio de sus amos; en la concepción social de la época poseerlos era un sinónimo de prestigio.

La propiedad
Los españoles penetraron en las regiones con sus ganados e hicieron nuevos caminos, desviaron el curso de los ríos y  explotaron los bosques. 
Su economía y las relaciones de producción consecuentes de ella modificaron la forma de propiedad territorial y de organización socioeconómica originales. De acuerdo a los grados de desarrollo económico, para los españoles el concepto de dominio agrario era distinto del de los indígenas: tendía al individualismo y al acaparamiento por su afán de riqueza y poder; en cambio, para los indígenas de regiones densamente pobladas, la tierra era la base esencial de su existencia y trataron de preservar el régimen de propiedad comunal.

El "Siglo de las luces"
Al siglo XVII se le ha denominado como el "de la integración" y al XVIII como el "de las luces" o "de la ilustración". Hubo en el primero un descenso de la población indígena, fue cuando la Casa de Habsburgo consolidó su dominio sobre la Nueva España y fortaleció una economía dependiente. Ya en el siglo XVIII, la colonia tuvo un claro ascenso de la población y de los ramos económicos más importantes: la agricultura, la minería y el comercio. Las grandes transformaciones en la Nueva España a efecto de las Reformas Borbónicas acontecieron sin embargo entre 1760 y 1821.
 

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